sábado, 3 de mayo de 2014

Psicoanálisis y justicia social de Elizabeth Ann Danto, especialista en historia de la salud mental.



Este libro es una exhaustiva crónica que va desde 1918 a 1938,  de los inicios del Ambulatorium, la clínica psicoanalítica de Viena y de la conciencia social de Freud que facilitó su réplica en al menos doce clínicas más desde Zagreb  hasta Londres. 

Este relato desvela aspectos desconocidos en la práctica del psicoanálisis de aquella época y revela datos sorprendentes que rompen con los estereotipos más anquilosados que se le supone práctica psicoanalítica. Si entre el público en general existe la imagen que desde el inicio del psicoanálisis, se trató casi exclusivamente a mujeres, los datos estadísticos del Ambulatorium indican que el 60% de las personas que solicitaban tratamiento psicoanalítico eran hombres. Estos datos también revelan que el 20% eran trabajadores, un 26% eran empleados asalariados y un 22 % personas sin ocupación. 

En la década de 1920 los psicoanalistas creían en la tarea de ayudar a trabajadores, estudiantes, sirvientas, oficiales del ejército, mayordomos y desempleados a lidiar con la miseria personal. Una quinta parte del psicoanálisis de la primera y segunda generación se dedicó a personas más vulnerables: familias, niños, adolescentes, personas con enfermedades psicosomáticas. 

Es interesante leer que Sándor Ferenzi y Freud mantuvieron una relación epistolar de más de 200 cartas. En ellas, Ferenzi describe como debe ser la escucha del psicoanalista,  sólo los pacientes pueden entender como el psicoanálisis fomenta el bienestar social. Cuando la vida de los hombres, mujeres y niños sea más coherente con su naturaleza individual.

Según Danto  para Freud el psicoanálisis era, por encima de todo, una empresa humanística practicada mejor por aprendices bien analizados, más allá de sus credenciales académicas.
En el discurso de Freud en el Congreso Psicoanalítico de Budapest en 1918 subrayo que la tarea de los psicoanalistas es hacer emerger el sujeto del discurso, (el sujeto del subconsciente) ese es según él el pivote de la praxis del analista.

Quizás por eso cuando el régimen nazi se apropió de la biblioteca psicoanalítica, los libros de Freud se escondieron en un armario en cuya puerta se podía leer, Armario de Veneno. 

     


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