Este libro es una exhaustiva crónica que va desde 1918
a 1938, de los inicios del Ambulatorium, la clínica psicoanalítica de
Viena y de la conciencia social de Freud que facilitó su réplica en al menos
doce clínicas más desde Zagreb hasta Londres.
Este relato desvela aspectos desconocidos en la práctica del psicoanálisis de aquella época y revela datos sorprendentes que rompen con los estereotipos más anquilosados que se le supone práctica psicoanalítica. Si entre el público en general existe la imagen que desde el inicio del psicoanálisis, se trató casi exclusivamente a mujeres, los datos estadísticos del Ambulatorium indican que el 60% de las personas que solicitaban tratamiento psicoanalítico eran hombres. Estos datos también revelan que el 20% eran trabajadores, un 26% eran empleados asalariados y un 22 % personas sin ocupación.
En la década de 1920 los psicoanalistas creían en la tarea de ayudar a trabajadores, estudiantes, sirvientas, oficiales del ejército, mayordomos y desempleados a lidiar con la miseria personal. Una quinta parte del psicoanálisis de la primera y segunda generación se dedicó a personas más vulnerables: familias, niños, adolescentes, personas con enfermedades psicosomáticas.
Este relato desvela aspectos desconocidos en la práctica del psicoanálisis de aquella época y revela datos sorprendentes que rompen con los estereotipos más anquilosados que se le supone práctica psicoanalítica. Si entre el público en general existe la imagen que desde el inicio del psicoanálisis, se trató casi exclusivamente a mujeres, los datos estadísticos del Ambulatorium indican que el 60% de las personas que solicitaban tratamiento psicoanalítico eran hombres. Estos datos también revelan que el 20% eran trabajadores, un 26% eran empleados asalariados y un 22 % personas sin ocupación.
En la década de 1920 los psicoanalistas creían en la tarea de ayudar a trabajadores, estudiantes, sirvientas, oficiales del ejército, mayordomos y desempleados a lidiar con la miseria personal. Una quinta parte del psicoanálisis de la primera y segunda generación se dedicó a personas más vulnerables: familias, niños, adolescentes, personas con enfermedades psicosomáticas.
Es interesante leer que Sándor Ferenzi y Freud
mantuvieron una relación epistolar de más de 200 cartas. En ellas, Ferenzi
describe como debe ser la escucha del psicoanalista, sólo los pacientes
pueden entender como el psicoanálisis fomenta el bienestar social. Cuando la
vida de los hombres, mujeres y niños sea más coherente con su naturaleza
individual.
Según Danto para Freud el psicoanálisis era, por
encima de todo, una empresa humanística practicada mejor por aprendices bien
analizados, más allá de sus credenciales académicas.
En el discurso de Freud en el Congreso Psicoanalítico de Budapest en 1918 subrayo que la tarea de los psicoanalistas es hacer emerger el sujeto del discurso, (el sujeto del subconsciente) ese es según él el pivote de la praxis del analista.
En el discurso de Freud en el Congreso Psicoanalítico de Budapest en 1918 subrayo que la tarea de los psicoanalistas es hacer emerger el sujeto del discurso, (el sujeto del subconsciente) ese es según él el pivote de la praxis del analista.
Quizás por eso cuando el régimen nazi se apropió de la
biblioteca psicoanalítica, los libros de Freud se escondieron en un armario en
cuya puerta se podía leer, Armario de Veneno.
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